lunes, 3 de agosto de 2015

Un lenguaje de muros


Digo “noche” y cada uno de nosotros habremos imaginado una sombra distinta.

El hombre tolera la idea de claridad y precisión en el lenguaje. El mar es el mar; el cielo, cielo. Con facilidad entendemos o creemos entender que el universo puede resumirse en unos cuantos signos y combinaciones de esos signos.

Sin embargo, cada palabra evoca a otra y a otra; cada imagen es siempre otra. Digo “árbol” y ahora pienso en el ficus frente a mi casa de la ciudad, con su follaje bajo y de un verde oscuro, plagado, ay, de moscas blancas. Mañana diré “árbol” y pensaré en el viejo pirú en el que verdean ramas a pesar de un incendio; en su nuboso aroma de brujas.

No hay un lenguaje humano que sea preciso, claro y unívoco en tanto no tendría objeto a cuál nombrar.

Olvidemos la fonética de cada frase, olvidemos la memoria —esa pintura que nos dice quienes creemos ser—; hagamos a un lado a la poesía. La creación de un lenguaje sin espacio para sombras lo haría indecible, si no más: imposible.

Varios han sido los intentos de crear este idioma que evite la subjetividad y el equívoco.

Desde hace varios años en las escuelas de Humanidades se ha usado un lenguaje que remite al de las ciencias puras como antes se usó uno plagado de neologismos, herencia del siglo XX alemán. Cuando se crea un neologismo es necesario explicarlo previamente, por lo que nunca escapamos del lenguaje. Cuando el neologismo es tan transparente que no necesita explicación es porque remite directamente a las palabras que lo componen. Además de multiplicar el número de bostezos y de pedantes, poco se ha logrado con la tentativa más reciente, pues disfrazar a la mona de seda no la convierte en ciencia. Y ya que la misma ciencia usa el lenguaje de la changa para hacerse entender (toda palabra científica remite a otras en el profano), no más puede hacerse.

La jerga matemática, donde cada signo remite a un significado, es ese lenguaje buscado por filósofos y científicos por igual.

Esto no es sorprendente. No descubro nada nuevo aquí. Las relaciones matemáticas poseen una lógica interna y una precisión que hicieron imaginar a Pitágoras que en ellas se encontraba la idea pura; a Platón lo remitieron al topus uranus; a los cabalistas, a la cifra que diría el nombre de nombres; a los físicos, a la llave del universo. La proporción al fin descubierta desvela a biólogos, físicos, teólogos, filósofos y artistas plásticos.

Es posible que las matemáticas en verdad sean un atisbo del lenguaje que hablan los ángeles, sin embargo, como seres humanos que somos, es lo más que podemos soportar: un vislumbre.

El hombre tolera la idea de claridad y precisión en el lenguaje. Sin embargo, no podría vivir en un universo donde tal cosa fuese posible: todo lenguaje implica un orden y todo orden, un plan. ¿Cuál es el plan que preexiste al orden matemático? De nuevo entramos a las pesadillas de la simetría. Si existe ese orden que nos sobrepasa, su nombre sería destino. Pero como es un orden que nos excede, no podemos entenderlo sino como caos.

El destino es otro nombre del azar. Y nombrarlo de una forma u otra no cambia su esencial extrañeza.

Ya en esto podemos encontrar el por qué un universo expresable de forma univoca sería imposible. Si las matemáticas resultan un sistema tan perfecto es precisamente por abstraer en lugar de expresar.

A saber, el “1” no remite a algo en nuestro universo. Es la forma en que se expresa la abstracción que se refiere únicamente al número de cuerpos que por convención y eficacia para determinados fines asumiremos de esa manera. De esta manera, hay un árbol, una fruta, una nube, una estrella. Pero al abstraerla de esta manera obviamos que ese árbol, fruta, nube y estrella no son unidades como tales. Las operaciones básicas sirven también sólo si soslayamos que cada cosa es única. Uno más uno es dos, pero un perro más un lápiz no son dos.

Inclusive cuando hablamos de objetos del mismo tipo (o mejor: que nosotros en otra abstracción hemos llamado de la misma manera), la realidad se niega a reducirse a la abstracción. Una nube no es igual a otra; un hombre no es el mismo que años después. Las relaciones matemáticas son ciertas si negamos esas evidencias. Pero esas evidencias son las que construyen la realidad que conocemos.

Es posible que en las matemáticas esté el ser. Sin embargo, lo que construye a la realidad son los accidentes del ser.

Un lenguaje que fuese reflejo preciso del universo; que pudiese ser usado para aludir no sólo a cada partícula del universo y a cada acción posible y cada tiempo posible para cada uno de sus cambios sería el de las matemáticas, cuyas cifras pueden corresponder con el infinito. Sin embargo, haría falta otro Funes; un universo de Funes que tuvieran todo el tiempo sólo para hacer un listado de dicho universo.

Como la posibilidad de tal universo de dioses indolentes es remota e incomprensible para los hombres, habremos de contentarnos con otro tipo de lenguaje. Para nombrar, pues, esta noche sin estrellas que veo desde mi ventana y que es habitada tan sólo por la luz reflejada de la computadora, usaré hoy la palabra “noche”. Para aquella otra noche en que caminé por la Universidad planeando un futuro que nunca quise planear y que tampoco vino, usaré la misma palabra. Así, sé que quien me lea habrá de equivocarse cuando de nuevo use la palabra “noche” y quiera decir…

Cuando me equivoque y otro deba rehacer la noche para decirla. Sólo así somos capaces de nombrarlo todo sin ser precisos. Cada vez hay que rehacer la palabra porque cada vez es única. Ahí está el equívoco.


En el equívoco está el mundo.



César Alain Cajero Sánchez
Tras la borrachera, la cruda 
(y la mezcla de recuerdos)



Lamento escribir esta lista tanto tiempo pasado del fin del año anterior. Realmente después de escuchar siete u ocho álbumes y alrededor de 30 canciones del año 2014, no pude con la depresión y mejor lo dejé para después.

Pasados varios meses, reafirmo mis impresiones: no hay me parece ninguna canción especialmente buena ni trascendente que haya aparecido el año pasado. La mayor parte (sus excepciones hay) son discos y sencillos escuchables, eso es todo: música agradable para pasar el rato. Nada sorprendente: siguen regresando a PiL; a las baladas medio indie, medio shoegaze. En realidad todo suena igual. Ni muy horrible ni emocionante.

Viejos conocidos me decepcionaron; algunos crasamente. Los Pixies (valga el adverbio anterior) hicieron un álbum poco afortunado con sencillos que van de lo mediano a lo horrible; Beck sigue con sus baladas (parece que este año se fue a la fusión con lo bailable: la otra cosa que ahora todos hacen), pero sin la emoción del Sea change. Por ahí Morrisey sacó un disco mediano… Y bueno, ahí termino o me vuelvo a deprimir.
 
Dicho esto, aclaro que con alguna excepción (tal vez los Manic Street preachers), estas canciones no son sorprendentes sino en un año de canciones que sonaban todas iguales. Estas sonaron (un poco) distintas. Ya por la melancolía de la voz de Albarn, por el buen quehacer de siempre de Cohen, por los buenos arreglos de algunas cosas de hip hop y R&B (me resisto a decirle Rhythm & blues); por algún riff o coro enganchador en un tiempo sin emoción... Buenas, algunas bastante buenas y ya. Ninguna provocará una revolución. Pero creo que ya nadie espera eso (yo sí). Curiosamente entran dos canciones que deberían estar más en una lista de salsa o cumbia.

Un año más de revoltura de géneros… y de nostalgia (atención cómo en todo comparo con algo del pasado). Bastante flojera.



"Almost like the blues" – Leonard Cohen

Tratándose de Leonard Cohen, no es de sorprender que sea de las mejores canciones. Musicalmente no cambia en nada su estilo ni descubre nada nuevo. Y creo que nadie busca ya eso cuando lo escucha.





"Class historian" – Broncho

Una canción muy divertida y con un juego de sonidos que sin duda llama la atención desde la primera vez que se escucha. No es algo que se escape a lo que se hace hoy en día, pero lo hace con mucha más frescura.




"Keep on shining" – Curtis Harding

Un muy efectivo soul. Parece que lo que en el rock actual es sonar como banda shoegaze de los ochenta, es en el ambiente hip-hop y R&B sonar como cantante soul de los setenta. Y definitivamente es mejor esto último.




"Azul oscuro" – Zurdok

No es lo mejor de Zurdok, pero es una gran canción y en realidad parece un lado B de “Hombre sintetizador”. Eso, creo, se agradece. La canción de México que más me gustó.




"Sealed scene" - Lorelle meets the obsolete

El año pasado escuché por primera vez a estos tapatíos que hacen pensar en Jefferson airplane y a los Velvet underground. Siguen haciendo lo suyo y les sale bien.




"Mr Tembo" – Damon Albarn

La voz de Damon sigue teniendo el toque. Muy, muy buena, pero remite inevitablemente a aquella grandiosa canción, “Tender” de Blur. No sé si eso es malo.




"Desdemona" – Hollie Cook

Hollie Cook lleva ya varios años de hacer buen ska. Ni hablar. Tiene una voz irresistible para esto. 



"Waterfall" – Ex hex

Canción que remite al new wave. Las guitarras rítmicas se agradecen en un tiempo donde rifa la hueva. Recomendada para bailar como con The bangles.




"Mess on a mission" – Liars

Más electroclash que otra cosa, este grupo aunque sea trae de vuelta ese sonido emocionante de principios de siglo. No es una gran canción, pero da para ponerse a brincar.




"Lazaretto" – Jack White

No sabía de quién era esta canción cuando la escuché. Las guitarras blueseras prometían y no decepcionaron. No es de los White stripes (quienes me gustaban más con su filo punk), pero sí es bastante buena en las guitarras.



"Babel" – El columpio asesino

Si no fuese por Los Tres, esta sería mi canción favorita en español. New york noise que (otra vez) lleva a PiL y a Gang of four, pero con el filo duro original y no blandenguerías.




"Horizon" - Tokio ska paradise orchestra

Algo de ska y mucho de buena salsa en esta grata sorpresa. Hasta podría estar en una compilación de la Fania (de lados B).




"Europa geht durch mich" – Manic Street preachers con Nina Hoss

Krautrock e industrial en esta canción de los Manic Street preachers que describe de manera impactante el embrollo en que vive Europa desde hace unos años. La mejor canción del viejo continente y probablemente de todo el año. Mejor la vuelvo a escuchar. Sí es buena.




"Goodbye Johnny" – Primal scream

Primal scream nunca se me ha hecho el gran grupo, pero siempre tiene algo interesante. Esta vez no es la excepción. Combinación de sonidos electrónicos con arreglos que van del country al calypso y por ahí un saxofón. Sí, recuerda un poco a cierto Beck, si lo pensamos.




"Do you" – Spoon

Curiosa balada bailable (en efecto, por eso es curiosa) con efectos abrasivos en sus sintetizadores aquí y allá. Se deja escuchar sin caer en el tedio.




"I’m not the only one" – Sam Smith (con A$ap Rocky)

Muy ponedor hip-hop con una gran voz a la hora de cantar. Como dije, está de moda sonar a cantante de soul. Merece más de una escuchada.




"Not this time" – The 2 bears

Tienen sabor. Al mismo tiempo recuerdan al new york noise y al gusto por el soul y el funk en la música negra de hoy. Y, sí, a Daft punk.




"After the disco" – Broken bells

Mismo caso del grupo anterior, pero se quedan en un pegajoso coro.




"Love never felt so good" – Michael Jackson

De no ser porque definitivamente no la grabó el año pasado, sería la mejor del año. Merecería ser sencillo de Off the Wall, pero para como están los tiempos… Sorprendente para lo que estaba haciendo cuando murió.




"Serenata guajira" – Sonido gallo negro

Pura cumbia (y muy buena) con este grupo.




Mr. Noah – Panda bear

No sabía que esta canción era del año anterior. La escuché más en este año. Esta sí no le encuentro parecido (directo) con nada. Me gusta, sí, aunque no creo que sea un clásico.




"The moon song" – Karen O (con Ezra Koenig)

No hay año que no haya puesto una canción de Karen O. Por algo ha de ser. Esta es muy buena. 




"Figure it out" – Royal blood

Canción guitarrera que hace pensar en stoner rock más que en heavy metal. No es exactamente lo mejor, pero el riff es ponedor y debe tomarse en cuenta cuando no es el sonido en boga.




"Patrick Millah" – The wookies

Podría estar en una compilación de High energy, sí. Pasa como con los Rebel cats (pero en otra década). Muy buena para esas fiestas retro. Lo dicho: pura nostalgia.





"Close your eyes (and count to fuck)" – Run the jewels (con Zack de la Rocha)

Inmediatamente capta la atención. Y ya.




"Mala influencia" – Rebel cats

Nunca he sabido cómo reaccionar a los grupos de rockabilly. Por un lado son pura nostalgia; por otro hacen buenas canciones. Por un lado, no son ni nunca serán los Locos del ritmo, pero por otro, le echan más sabor que la mayoría de los grupos en español. La canción es divertida.




"The best days" – Thurston Moore

El Sonic youth de Murray street con un poquito del Dirty (no sus mejores días) en esta canción de una de las almas de aquel grupo.



"Viernes de webeo" – Panteón rococó

No es mi tipo de ska, pero en su estilo, creo que es lo mejor que he escuchado en un buen tiempo. Recuerda a los Auténticos decadentes y es mejor que los últimos sencillos que le escuché a este grupo.




"Hey hey hey" – Los tres

Riff bluesero para una muy buena canción. Sí, la mejor en español que escuché de lo sacado el año pasado. 



"Hero" – Frank Ocean, Mick Jones, Paul Simonon, Diplo

Que una parte de The Clash (la que formó Big audio dynamite) esté en esta canción no debe ser sorprendente si se escucha con atención. La hace.





"Go back" - Tony Allen (con Damon Albarn)

Polirritmos africanos junto al toque que da Albarn hacen una gran canción.




Yo merenglass


Bigotes, jeans y mercado



Cada cinco o diez años hay algo nuevo a lo cual seguir o a lo cual odiar.

Detrás de unos ojos vidriosos y un vaso con ginebra, la primera vez que oí el término “hipster”, aplicado a varios conocidos, fue hace quizá tres años, en una fiesta. Sonreí y asentí, pues no era la primera vez que topaba con la palabra.

La primera vez que leí la palabra “hipster” fue, casi seguro, mientras leía Aullido, de Ginsberg, en mis entonces quince años. Los “angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the starry dynamo in the machinery of nightque en esos días idolatraba junto a Rimbaud y Eluard.

Así, cuando escuché de nuevo la palabra pensé en Jack Kerouac adormecido mientras veía la noche mexicana desde el techo de un auto.

Meses después alguien me corrigió de mi error en otra fiesta. Tras otras botellas alguien escupió en otra ocasión contra ellos al mencionar a un candidato a la presidencia más recordado por un vestido y un debate.

Una palabra de borrachera que al poco tiempo vi por todas partes, la mayor parte de las veces, aplicada como insulto, pero seguía sin quedarme claro a qué se referían aparte de bigotes.

Y con eso empezó a tomar forma el contenido de la palabra. Así, pues, por un lado me dijeron de los bigotes y la barba. Por otro, de la ropa mezcla de varias décadas junto a los lentes y la bufanda del abuelo. Luego, de la afición a los grupos independientes y poco conocidos. Posteriormente, del veganismo en la Condesa. Finalmente, hace poco, alguien me advirtió acerca de los gadgets digitales.

Una combinación tan disparatada de elementos (de los que omití en mi listado, dos o tres) me hacían casi imposible imaginar nada. Cuantimás cuando me advirtieron que un hipster nunca se presenta como hipster.

Mientras no estuve cerca de las ciudades, el término volvió a quedar como arcano sólo presente en el feisbuk que cada quince días abría. Ya de regreso; que las películas más hipster por aquí, que si escribir de tal cosa es muy hipster por acá y que si sólo son una forma de control por acullá.

Debo admitir que he usado barba; que vestir mezcla de décadas me es natural pues aborrezco comprar ropa y conservo todo… Supongo que algunos grupos que me gustan son poco conocidos (aunque en general, el rock nuevo me aburre) y hasta que tengo un teléfono y cuando el frío está canijo, uso bufanda. No vivo en la Condesa ni soy vegano. Lo que, supongo, no me salva del fuego.

Todavía recuerdo que cuando iba a la universidad, la predilección sobre a quien odiar o seguir eran unos cuates que se hacían tamaños copetones de lado, se pintaban los ojos muy llamativamente y escuchaban grupos de lo más horrible. Emos, les decían.

Era algo mucho más adolescente, en efecto, pero igual había furia contra esos “maricas” y hasta golpes en la glorieta de Insurgentes se lanzaron.

Otros años más; aquello de los Strokes, quienes me gustaban bastante, y los peinados cuidadosamente despeinados.

No sé si los hippies (cuyo nombre, por cierto, significa “pequeños hipsters”) en su momento fueron vistos con tanto odio por quienes los precedieron. Lo que sí veo es una diferencia radical entre aquellos y estos, a la vez que una continuidad no prevista.

Los hippies (y como movimiento juvenil, los beatniks) en efecto, quisieron cambiar su forma de vida. No se limitaron a expresar su inconformidad, sino que vivieron, al menos por algunos años, de acuerdo a ello. Las comunas, la vida ajena al mercado; el antimilitarismo y las manifestaciones en contra de la política, motivaron el empleo de la palabra “contracultura”. Con ella se etiquetó a aquellas expresiones culturales (es decir, que se concretaban en una cultura, con una forma de vida particular, lo que las hacía diferentes a los movimientos políticos) que eran abiertamente distintas a la cultura imperante; que la rechazaban.

Con sus diferencias, es posible nombrar como contracultura también a los punks en los setenta. Con ellos llegó la confrontación violenta, el rechazo visceral y la búsqueda de una identidad individual que ponía menos énfasis en los compromisos comunales que  la contracultura de los sesenta.

De estos dos movimientos surgieron otros que, ya ponían más atención a la comunión entre los miembros (como los hippies) o ya a la individualidad (como los punks). No importa. Con excepciones como la cultura hardcore del straight edge (la cual, hay que señalarlo, fue muy minoritaria) y ciertas aristas de la cultura hip-hop, la confrontación con la sociedad se fue diluyendo poco a poco hasta que del nombre “contracultura” no quedó a fines del siglo pasado sino un recuerdo desleído y paradójico.

Queda la fachada, en efecto. Pero si hablar de “contracultura” era exagerado a fines de los noventa, ¿qué se puede decir de lo que ha sucedido en este inicio de siglo? Sería más adecuado hablar de subculturas pues aunque resguardan el culto a la apariencia, el uso de un uniforme y la creación de códigos culturales más o menos reconocibles, no existe ya ni sombra de rechazo a la cultura dominante sino, en ocasiones, como un discurso endeble e impostado. No se trata de “inautenticidad”, sino que tales cuestiones ni siquiera se pasan por la mente de los miembros de estas subculturas. Pueden cuestionar estéticamente, como una “posición de vida” heredado de las contraculturas precedentes, pero no hay ninguna acción al respecto. No veo que deban ser juzgados por ello, como los miembros de subculturas de otro tipo (fanáticos del anime, de la música de fusión norteña, de los deportes extremos) no son juzgados; sólo señalar que se trata de algo muy distinto. Que el tránsito del símbolo a la imagen ha concluido.

Ha concluido el tránsito, ¿cuándo empezó?

He ahí la imprevista continuidad. En cierta manera, desde siempre: desde la formación de las culturas juveniles.

¿Eran en verdad los hippies revolucionarios e iban en contra de la cultura establecida o sólo eran tolerados porque su rebeldía era epidérmica; desvaríos de la juventud? No dudo que miles creyeron en verdad en hacer un cambio; en que era posible vivir de otra manera. Lo creyeron durante años, algunos incluso décadas. Al final, todo ello desapareció. No fue necesaria la represión pues la sociedad moderna es absoluta: devora aquello que pretende estar en su contra.

Y transforma la rebeldía en dinero.

Transformar la efigie del Ché o la indumentaria regional en símbolos de moda no es nuevo. En los setenta, la ropa punk invadió los grandes almacenes al igual que en los sesenta el pelo largo fue asimilado después de unos años de resistencia… La moda, el estilo, siempre representan una novedad y en una sociedad inflexible y esclerótica, un reto. Sin embargo, el elemento más flexible en la sociedad moderna, el mercado, que se adapta a todo mientras no ponga en peligro sus ganancias no sabe de costumbres ni de tradiciones. Sabe de negocios.

Y el mercado sustituyó a las ideologías esclerotizadas, por lo que la moda devoró a cualquier contracultura.

Pasado el horror a cualquier modita (y el odio de los de la vieja guardia, quienes no se acostumbran a las mieles del mercado que también a ellos sacó dinero y luego abandonó), se muestra sólo como algo apenas pasajero. Algo que dejará algún dinero y varios recuerdos en quienes se emocionaron por unos bigotes y sentido de pertenencia a una comunidad que los aceptó.

¿Por qué el odio a los mentados hipsters? ¿Son ridículos? Depende, pero también los punks fueron tildados de esa manera. ¿Son pretenciosos? Qué decir de los beatniks, aquellos pioneros que convirtieron a la beat generation en un éxito de mercado y compraron miles de cafeteras y de jeans. ¿Son inauténticos? Todos los movimientos juveniles, todas las modas, han dejado de seguirse en cuanto pasan. Y todo pasa.

Todo eso de las moditas me da una flojera enorme. Creo en un cambio cultural, el único que en verdad llamaría “revolución” es ése. Pero un verdadero cambio cultural empezaría por en verdad criticar los fundamentos del mundo moderno: las ideas de poder, cambio, progreso, beneficio; dominio. Lo demás no pasará de gestos histriónicos.


¿Por qué odian tanto a los hipsters? Creo que un amigo dio en el clavo y en un momento de franqueza me dijo: “porque se quedan con las chavas que me gustan”.



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Sobre la forma en la literatura  César A. Cajero Podemos definir en este momento y provisionalmente a la literatura como aquella...