martes, 17 de abril de 2012


Máscaras y un nombre


Desde antes de nacer hemos escrito nuestras despedidas. El hombre no existe.

“Yo soy", fue el lema de todos los mundos posibles. Ante la imposibilidad de afirmar nada acerca del mundo, ni siquiera su existencia, el hombre se ha aferrado a lo único que considera real.

Hay que admitirlo; aquellos que hemos amado, conocido; aquellos que han nacido en nosotros un recuerdo, una lágrima o una sonrisa; de aquellos no sabemos nada. La gran confesión de los amantes debiera ser que están mirando a un fantasma, a una imagen. Detrás se esconde el monstruo o el ángel; ni siquiera del polvo tenemos real certeza. Juego de espejos: unos ojos mirándose uno dentro del otro.

Caminamos por las calles, por las noches y los días. Alguien ríe mientras pasamos; otro hombre llora bajo un árbol; otros caminan a nuestro lado y uno de ellos habla por teléfono… De tantas sombras no decimos nada. Los miramos, creemos que están ahí. Pero nadie es verdadero pues a nadie le hemos dado un rostro. Horas de camino entre sombras, el hombre en la ciudad es el gran solitario. En su vida nada es real. Y nadie es capaz de dañarlo: él mismo no existe.

Quise un día conocer la verdad de esas personas de la calle. Dos o tres dijeron su nombre. Otros huyeron. Una dejó detrás una sonrisa. Diez, veinte que existieron por un momento; y ese momento ya no existe.
Pero están los recuerdos; viejos amigos en la escuela, amores que un día dijeron ser para siempre… Tan sólo sueños. O alguien que ha dejado deslizarse el polvo en las fotografías; la niebla en las noches.

He caminado por aquellas calles de mi niñez; buscado los viejos muros. Todo fue y ya no es. Una puerta ha desaparecido y el hombre que se sentaba ahí quizá ha muerto. Las casas de mis amigos lucen vacías. El rosal de castilla del que tomaba los perfumes quizá ha sido desenterrado. Quizás se han ido; quizá es un juego todo y nada más…

Mi familia, mis amigos; a nadie conocemos. Los creemos reales, pero a veces —a mitad de una risa—, el silencio. Y aquello que eran se nos escapa. No hay nadie a quién buscar; ese silencio nos muestra un muro. Nos muestra que las risas que compartimos, que todas las emociones cada uno de nosotros las sintió lejos del otro. Que quizá sólo creemos que ellos han sido.

El silencio de aquel amado; un par de manos atadas o un beso. Es mentira; aquella que nos ha dicho que estaría ahí para siempre en un par de meses puede haber desaparecido. Aquel que decía que dos y dos panes hacen un  cuerpo y dos amantes, mañana puede estar lejos. Y en esta tierra, temerosos, nos aferramos a esa imagen que hemos creado. Porque no queremos estar solos; porque queremos poder creer en algo. Un silencio y ya no hay nada. Todas las palabras se derrumban.

Un silencio y aquel de quien dependía nuestra vida ha vivido fuera. No somos dioses. No podemos decirlo todo. Y las palabras, gemas oscuras, dones preciosos; las palabras no dicen nada. No dicen lo que esperamos y cuando creemos hablar, nadie nos escucha. Nadie cree en esas voces; nadie escucha sino lo que quiere oír; lo que necesita.

Necesitamos amar de esas palabras; odiar de esas palabras; necesitamos incluso el silencio para saber que todo el temor ha sido justificado.

Pero vivimos. Eso creemos. Es nuestra única certidumbre; confiamos.

¿Qué somos sin los demás? Para qué me levanto por las mañanas; para quién me visto; para qué escribo estas palabras. Soy lo que ellos ven en mí; actúo para ellos. Estas páginas las escribo pensando en ella; un fantasma que nunca conocí. Y ella ya no está. Yo tampoco estoy escribiendo. ¿Qué somos ante esa miríada de personas en las calles?, ¿no es verdad que todos dirían lo mismo de mí que de cualquier otro?
Nunca sabemos quiénes somos. Y nuestros nombres no son sino rótulos, cifras desnudas con las que queremos ser. Ser ante los demás. Y no somos nada. Ellos son también nuestro silencio. Las murallas nunca caen. Ellos nunca han de conocernos.

Fingimos para nadie; actuamos para quien nunca nos ve.

Antes de nacer hemos despedido ya a todos nuestros amores. Es hora ya de despedir al único: Yo no existe.

A mitad de la noche, en la nada, alguien dice palabras para no tener miedo. A mitad de la noche el viento canta sin saberlo. Es una carta, un canto; es un poema.

Tal vez el amor no es un pacto de soledades; tal vez es un salto hacia el vacío; es la confianza en estar vivo. Ésta es una carta aún a mitad de la noche.


César Alain Cajero Sánchez, marzo, 2012

La rosa púb(l)ica 



Es mediodía. En un añoso tronco donde crece una enredadera, un halcón mira al cielo confundirse con la tierra. El cielo inverso. Las inundaciones a orillas del Usumacinta han creado lagunas donde enormes níveas garzas buscan peces escondidos e inmensos espejos rodean la carretera.

El camión corre de Emiliano Zapata hacia Villahermosa.

Recibo la llamada de mi amigo Roberto para desearme suerte en mi próximo examen profesional. Le cuento que no conseguí boletos directos a la Ciudad y que voy a Villahermosa a ver si allá todavía hay algún transporte disponible. Él está también en Tabasco desde hace poco menos de dos meses. Al oír que no conseguí  forma de irme, me invita a la ciudad donde está para pasar unos días conversando. No me desagrada la idea y accedo.

Un mes antes caminaba rumbo a la central de autobuses de Emiliano Zapata. El calor era sofocante; no había recibido todavía ningún mensaje de mi amigo y para escapar del calor me refugié en el supermercado.

A la mitad del estacionamiento, cerca de un gran árbol verdísimo, una gran iguana tomaba el sol sobre una piedra.

Mientras veo en uno de los pasillos del mercado un bote amarillo que me asegura contener mantequilla original, aunque a mí me parezca más una lata de aceite para autos, llega un mensaje. Un hombre toma mi lugar en la contemplación del extraño objeto en cuyos crípticos mensajes aparece la imagen de un hombre gordo, pelirrojo y pecoso.

Casi junto a la Central de autobuses hay un parque abandonado. Poco antes hay un canal que arroja aguas negras y el exceso de lluvia al Usumacinta. En el sitio donde se vierten las aguas pululan y se regodean los peces diablo. En realidad estos animales provienen del Amazonas. Alguien debió soltarlos en las aguas de México. Veo sus cuerpos negruzcos, aplanados, y que en algo recuerdan a una raya, dar vueltas alegres en la mierda de la ciudad.

Tres horas de espera más tarde veo un blanco camión destartalado detenerse en la central. Después de una señora que lleva en las manos dos enormes canastas baja mi amigo, Roberto.

Lleva una camisa blanca arremangada; pantalones oscuros de vestir y un sombrero blanco. Se ha dejado la barba.

No había transporte desde Villahermosa, mano. No, pinche camión, se detuvo como cinco horas porque se le quemó algo. En el asiento donde yo iba veía la carretera pasar bajo de mí. Un pinche agujerote ahí.  La señora lleva quién sabe qué animales en las canastas; hacían un ruido rete feo. A ver, a ver, aquí le traigo un vinazo de esos que por acá no se acostumbran. Usted no se preocupe, ahorita le presto para eso de la mudanza. Pinche viejo, entonces lo corrió a usted. Bueno, a ver lléveme a su nueva habitación. ¿No están los otros? Ah qué caray, pues ni modo. Igual a quien vengo a visitar es a usted.

Abro la habitación que comparto con Lacho, Carbajal y Genaro. Una de sus hamacas aún está colgada. Con un veloz movimiento aplasto a la gigantesca cucaracha que pasa frente a mí.

Roberto se tumba en la hamaca y recoge las barajas que hay en la mesa, junto a una mayonesa rancia de agrio olor y un radio que sólo sirve para sintonizar la única estación del área. En ella, aparte de los Temerarios y sus éxitos, parecen sólo conocer a Thalia.

Llego a la terminal de “segunda” en Villahermosa. El olor de la cebolla y de las carnitas es constante. Hay un puesto de revistas especializado en pornografía en una de cuyas revistas donde una mujer en la apetecible posición que llaman “perrito” parece bastante aburrida. La divertida censura le pintó una enorme y obscena estrella de color negro en las partes pudendas.

Otra joven neumática, esta no en fotografía, tropieza conmigo y deja caer sus lentes de sol al suelo. Lleva unos jeans recortados y blusa de color durazno que amarró a la altura de su vientre. Me hace pensar tanto en los Beverly Ricos como en una modelo de ropa, pero en versión buenona.

Ocupo la media hora antes de que llegue el camión que va a Paraíso en divertirme con una pantalla interactiva que muestra los destinos turísticos en el estado. Un tipo de barba, pelo largo y gorra de camionero lleva de la mano a una mujer con cara de susto o de cólicos. Se detienen mucho en “turismo de aventura” y me imagino a la mujer en un kayak, mientras intenta tragarse unas píldoras para el dolor.

A las cuatro de la tarde llega el viejo camión.

Un hombre gordo —de camisa sport rayada subida de manera que todos podamos apreciar cómo se soba la panza— pide los boletos. Muchos no lo han comprado, pero él mismo, entre bostezos, les pide su cuota.

Antes de salir rumbo a Paraíso, una muchacha me ofrece una bolsa llena de nanches. Dos kilos a diez pesos.

Mientras devoro la fruta —no he comido nada desde esta mañana—, veo por la ventana. Pasamos por Cunduacán, tierra donde vive los chontales de Tabasco. Para mi sorpresa puedo distinguir una iglesia. Los adornos de la fachada y el material con el que están hechos revela que indudablemente es una de las pocas que sobrevivió al furor de los Camisas rojas y su espíritu purificador.

De una de las puertas de la iglesia sale un enorme toro blanco cubierto de flores. A su lado un grupo de personas también con adornos al cuello lo escoltan en su lento caminar. Una manta a la entrada de la plaza invita a la fiesta del pueblo que durará dos días.

Tres horas, incontables comunidades, dos centros comerciales; cuatro supermercados y una enorme tienda de llantas después llego a Paraíso.

No sé si tengo crédito en el celular. Mando un mensaje mientras camino sobre un puente que pasa sobre un pequeño río particularmente diáfano. Poco después me enteraría que su limpieza se debe a que es una corriente muerta debido a que ahí vierten sustancias tóxicas. Bueno, eso sí, no hay peces diablo ni mierda; sólo mierda de otro tipo, más higiénica, seguro pensarán.

Cuando estoy frente a la bella iglesia de Paraíso —lo que confirma mis sospechas de que aquí el garridismo no pegó con tanta fuerza— entra otro mensaje. Los angelitos tallados son testigos de cómo  Roberto me escribe que regrese caminando por la calle principal, que viene en camino.

El cuarto del hotel Boulevard es muy pequeño, pero cómodo. No veo cucarachas por ninguna parte. Sobre la cama hay un aparato de aire acondicionado. Mi amigo se tumba en las colchas blancas y enciende la televisión. Las imágenes de un grupo de rock aparecen en la pantalla.

Ahí hay pollo, mano. Está frío, si quieres lo calentamos en un hornillo de gas que traje. Cómele con esta navaja. Nomás para que veas hasta te conseguí unos chilitos de esos habaneros. Mira, aquí tengo una botellita que me ha hecho compañía durante estos meses. Mira nomás; es de esas pelirrojas tipo castaño que te dejan un lindo olor en el cuerpo. Y con un vasito con hielos, híjole, para qué queremos más.

Era ya de noche en Emiliano Zapata. Después de comer unos pejelagartos sacados del Usumacinta fuimos a tomar unas cervezas en un bar de pescadores llamado el Mirador. Afuera se escuchaban los sonidos inconfundibles de un arpa y la música es una tentación demasiado fuerte para mí.

Un hombre muy delgado, con barba de tres días y minifalda color rosa nos atiende. Pedimos una cerveza. El dueño, desde una pequeña ventana, nos pregunta si queremos unas tortillas al ajo. Una pregunta que ni se pregunta.

Mientras vemos ponerse el sol en el Usumacinta, un basilisco —un animal parecido a la iguana, pero más esbelto y con una cresta triangular— se asusta por el viento que anuncia la lluvia y se echa a correr en dos patas sobre el río. Lo vemos desaparecer más allá de los bambús.

Del otro lado del río hay rancherías. Sus luces se reflejan en la corriente y parece que una pequeña ciudad esperara allá. Con la luz de luna el agua tranquila —es tan grande el río que muy raramente se agita— asemeja un camino. Nos dice el mesero que hace algunos años unos turistas borrachos se ahogaron al arrojar su auto al agua.

Nadie me espera, mi buen. A ti tampoco. No, ya verá; nadie lo espera. Ya se fue el del arpa. Otra vez esa música. Ni modo. Y uno está aquí solo; no hay nadie, ¿ve? No hay nadie. Aunque hablas por teléfono y escribes; no te esperan ni hacen gestos de venir. Ya ves, yo le dije que viniera conmigo y no quiso. Creo que con usted es igual… Y bueno, yo qué sé. Vamos a pedir otras dos cervezas.

Bebemos ron en la habitación del hotel.

El aire acondicionado hace un extraño ruido que recuerda inevitablemente a una lámpara de neón o a un refrigerador. No hay forma de apagarlo, como no sea desconectándolo, lo cual está prohibido por la administración del hotel. Bueno, ayuda a conservar frías nuestras bebidas.

Roberto me invita a comer algunas de las frutas que consiguió en el mercado. Ya conocía antes las carambolas, con ese sabor ácido que no acaba de gustarme del todo.

Prefiero tomar algunos nanches que me sobraron y una tentadora guanábana que ofrece su tierna carne a mi glotonería.

Te digo, mi buen, contigo pura gula y pereza. Nomás se la pasa rete bien. Pero a ver, después de eso échese otra conmigo. Pssss, nomás fíjese cómo pasa suavecito, como pura seda. Al fin y al cabo aquí no hay nada. Afuera hace harto calor, nomás espérese a que se ponga la noche y salimos. Mientras, escuchemos estas canciones de los Kinks, que están que ni mandadas a hacer para estos momentos. Chale, y usted que les quiere poner a los muchachos de la comunidad a donde va de maestro a Beethoven. Lo van a linchar, más con esa tal Pastoral. ¡Este tipo es el diablo! En fin, para que se nos quite ese nerviosismo ante el inevitable linchamiento, mejor échese la última, porque después no le van a preguntar su última voluntad.

Ya se había puesto la noche en Emiliano Zapata. Los árboles se perfilaban contra el cielo nocturno. Los cientos de zanates ya habían terminado su vuelo por todo el parque y enmudecieron.

Después de mucho, un taxi hace parada. Conseguimos que nos lleve al Acuario; un lugar de mala muerte que es de los pocos sitios donde se puede tomar cerveza oscura. A un lado está el Mr. Tequila, el único strip tease que yo conozca en la ciudad. Roberto insta a entrar y como en realidad no tengo nada mejor que hacer y supongo será interesante ver cómo son dichos lugares, accedo.

Cortinas de metal pintadas de negro. Una entrada diminuta, custodiada por dos personas. Los muros, pintados de color violeta.

Se escucha música bastante fuerte. Los guardias nos detienen antes de entrar y después de un breve cateo nos permiten pasar. “Por cada dos cubetas hay un privado”, los escucho decir, preguntándome qué será un “privado”.

Al entrar Roberto dice que ese es el olor característico de todos los tables. Para ser sincero yo sólo huelo humedad; un poco de humo y nada más.

El lugar mal iluminado; una especie de podio rodeado de focos rosas y con dos tubos a mitad de todo. Algunas mesas muy pequeñas. En el fondo, espejos gigantescos no muy limpios y una puerta.

Nos sentamos a una de las mesas y un mesero nos informa el precio de las cervezas. Roberto pide una cubeta, la cual parece ser cuesta 120 pesos; no sé si sea barato o no, pero parece que sí, porque no puedo evitar ver en su rostro una gran sorpresa.

Mientras tanto, en medio de un rock de las Águilas, una muchacha oxigenada de no mal ver sube al podio. Ya he oído qué esperar de estos sitios y me concentro en divertirme con la decoración del novedoso lugar; con las lunas rosas y los colores pastel que resplandecen con luz negra. La muchacha menea sus nalgas y poco a poco se despoja de sus ropas. Pronto deja libres sus tetas de grandes pezones. En unos instantes se quita la falda de color rojo que lleva puesta y muestra una tanga de color amarillo fosforescente. No sé si reírme cuando cambia la música y de pronto el espectáculo muta a especie de circo acrobático. Debo reconocer que el show comienza a interesarme. Es divertido verla hacer sus piruetas en el tubo.

Cuando acaba la canción, la muchacha arroja sus pantaletas a la pequeña multitud que se ha formado a su alrededor. Aquí no veo la tradicional escena que pintan siempre de estos lugares, con unos tipos metiendo dinero a los ligueros y a los brassieres. Debe ser porque estas acaban sin calzones; o porque los clientes no tienen dinero; o quizá porque somos pocos. O todas las cosas juntas. Lo ignoro.

Otra muchacha, más guapa y sin el cabello pintado aparece mientras pedimos una barra de quesos. Por alguna razón pienso en Mauricio Garcés.

Después de la acrobática actuación de la guapa muchacha —quien no usaba ropa interior fosforescente— se ha acabado la bebida. Pedimos una cubeta más de cerveza oscura. Supongo que nos haremos merecedores de un “privado”, sea lo que sea eso.

La tercera mujer que vemos aparecer es definitivamente más de mis gustos, aunque no sé si es por las cervezas o porque se parece a otra guapa mujer de lentes que me espera en algún lado. No es tan acrobática como las demás, pero su presencia es suficiente para captar mi atención —sin mencionar los tragos, que ya empiezan a hacer efecto en mi visión— además, ésta tampoco usa accesorios de colores brillositos.

Un privado al parecer consiste en que una de las muchachas se te acerca y mueve las nalgas frente a tu cara, en una especie de rítmico cuanto hipnotizante vaivén. Se sienta en tus piernas —lo cual en realidad provoca que se me duerman los pies—y frota frenéticamente su cuerpo en tu entrepierna. Excitante al principio; al final preferirías una plática.

Después del show, la muchacha se sienta con nosotros. No dice mucho. Al parecer la plática se centra en su radio de acción que es de Zapata a Tenosique y de ahí por buena parte de estas tierras. Nada particularmente emocionante.

Una vez que se ha ido, después de beber dos cervezas —resulta que cada vaso que ella tome, cuesta lo mismo que una cubeta—, preguntamos al mesero a dónde va la puerta que está a un lado de los espejos. Nos dice que son mesas privadas, con aire acondicionado e intimidad absoluta.

Me imagino a qué se refiere con lo de la intimidad, pero bueno, debido al calor pedimos que nos lleve a dicho lugar.

La zona de mesas privadas en efecto tiene aire acondicionado. Además, cuenta con sillones bastante cómodos. Empero, es aún más oscura que la zona normal. Supongo que para los también oscuros deseos, resulta perfecta. Lo cierto es que, eso sí, carece de corazones de color morado fosforescente y tampoco hay lámparas de neón. La música también es más baja y podemos platicar sin necesidad de rompernos las cuerdas vocales ya que no hay nadie más.

La guapa muchacha de lentes viene a descansar del calor, lleva un vestido color negro, ajustado y luce cansada. Nos pide un cigarrillo. Después de un tiempo, otras también pasan a tomar el fresco. En realidad me pregunto si con la ropa tan ligera que usan no les va a dar pulmonía. Casi de inmediato pesco que tal pensamiento probablemente viene de frases vistas en películas de los ochenta.

El mesero, después de algún tiempo, nos pregunta si queremos que alguna de las “chicas” (así dice) nos acompañe.

Aunque ya conocí algo de su plática, la mujer que se había sentado con nosotros anteriormente se acomoda en el sillón.

Ahora lleva un vestido negro que no le queda del todo mal. Aun así, me convenzo que definitivamente carece de temas de conversación. También es difícil establecer una plática con mi amigo pues la mujer queda expulsada de nuestros intereses.

Ella insiste en que le invitemos unas copas o alguna cerveza. Aunque sabemos que por cada bebida que tome significará para ella una gratificación de por lo menos cincuenta pesos, no es mi intención caer en ese juego.

Abajo, unos jóvenes han solicitado (palabra al parecer muy usada en estos sitios (“¿quiere solicitar a una de las chicas?”; “aquí está lo que ha solicitado”) a una de las bailarinas. Veo cómo dos de ellos comparten sus nalgas. Una experiencia me supongo que para ellos es muy emocionante, pues sudan mucho mientras luchan contra la tela roja que cubre tan rotundas intimidades.

En otra parte, las chicas desocupadas descansan con evidente cansancio. A veces vienen a pedir algún cigarro.

La muchacha que estaba con nosotros, al darse cuenta de que no le íbamos a pagar bebidas y que tampoco nos apetecía hacer un menage a trois decidió retirarse (la idea de toparme con la mano de alguien más en esas circunstancias no es de mi agrado; de hecho, tampoco lo es fajar nomás por diversión, y mucho menos con una mujer que no platica nada interesante).

Al cabo de un rato todo se vuelve bastante aburrido. Ya ni siquiera las acrobacias resultan atractivas, así que decidimos irnos. La orilla del Usumacinta parece más atrayente que el espectáculo.

Afuera hay un señor que vende aguas frescas a estas horas de la madrugada. Compro dos vasos de pozol mientras uno de los meseros —un enano de chaleco negro y camisa azul—se acerca para pedirme un cigarro.

Me dice que el cigarrillo no es para él, sino para una de las muchachas. Me asomo en el lugar mientras él me señala a la guapa mujer de lentes que en esos momentos bosteza y parece renegar en un sillón rojo de las esquinas. Me comenta que ella no ha sido invitada una sola vez en toda la noche.

Un tanto perturbado, pues nunca pensé que precisamente fuera ella la que menos atención despertase en los divertidos parroquianos, le tiendo tres cigarrillos al hombre.

Lo veo entrar y tendérselos a la mujer. Ella se vuelve hacia donde yo estoy y me saluda con una sonrisa y mostrando los cigarrillos. Una bella mujer sola pidiéndome tabaco; una imagen que creo haber vivido antes…

En Paraíso Roberto me asegura que nadie puede irse de la ciudad sin haber conocido dos lugares: el WAP y El Pajaral. En mi memoria no puedo distinguir uno del otro.

En lugar de una sola plataforma, estos sitios tienen dos de ellas, muy largas y unidas en ciertos sitios. Hay más luces negras y todo está cubierto de espejos. No faltan las lunas y los corazones de finos colores fosforescentes ni tampoco los meseros siempre prestos a complacer tus —así dicen— más íntimas fantasías.

Lo malo es que mis fantasías no involucran alcohol ni mujeres desconocidas en poca ropa.

Si en Emiliano zapata descubrí que estos lugares podían compararse en más de una manera con show acrobático, puedo admitir que en Paraíso han llevado todavía más lejos su arte y resulta cuando menos enigmático saber cómo le hacen para girar mientras bajan de cabeza por un tubo.

Lo cierto es que el lugar se encuentra abarrotado. Multitud de señores, casi todos de bigote y tatuajes se reúnen en torno a las plataformas con ojos desorbitados, pero completamente en silencio.

Uno de los parroquianos resulta especialmente animoso: un hombretón ya viejo, con evidente sobrepeso; de saco gris y corbata a rayas blancas y rojas. Una telaraña de várices adorna su nariz. Suda mucho y escupe. Cada vez que una nueva chica sale a escena estalla en risas y efectúa un singular baile en el que mueve mucho la pelvis mientras pone sus brazos detrás de su cuello, entrecierra los ojos y se muerde el labio inferior.

Debo de decir, a riesgo de parecer asexuado, que la escena me divierte más que las acrobacias de una mujer que con negligé rojo sube a la plataforma contoneándose al ritmo de una canción de Aerosmith.

Después de varias cubetas de cerveza oscura —las cuales aquí cuestan el doble que en Emiliano Zapata— aparece una mujer que inevitablemente me hace pensar en el mar nórdico lleno de vikingos. Lleva el típico e inmortal pelo oxigenado suelto sobre los hombros. Es maciza, de gruesas piernas. Usa botas y lo más gracioso de todo: una especie de bata hecha enteramente de chaquiras plateadas. Se agita frenéticamente cada vez que el ritmo de la canción se acelera (creo que de Bon Jovi; definitivamente estos sitios no concuerdan con mis gustos). Dos muchachos embobados —pelo largo, camisas sin mangas— miran juntos las nalgas de la muchacha cuando se pone de rodillas y las sacude.

Al cabo de dos canciones la mujer deja deslizar en el suelo su peculiar vestimenta sólo para confirmar que también su ropa interior está hecha de las mismas bolitas brillosas.

Finalmente, mientras estoy distraído viendo la cara de los calenturientos asistentes (el señor de las venas en la nariz está en pleno paroxismo; las várices a punto de reventar), arroja sus pantaletas al público y me caen en plena cara.

No huelen mucho a mujer. De hecho, su aroma me recuerda al perfume que usan los choferes que acomodan frascos vacíos para darle un toque especial a las luces interiores de sus vehículos. Mezcla de mareo y penetrante fragancia.

Una cosa es cierta; la prenda en cuestión se encuentra bastante sudada. Natural después de sacudirse tanto.

Antes de que la mujer pase a la mesa por sus calzones de bolitas —guiñando un ojo y ofreciendo compañía—y después que una guapa morena suba a las plataformas al ritmo imposible de "Aguanilé", termino la última cerveza.

Nada más termina de sonar la canción de Héctor Lavoe pregunto la hora a Roberto. Me dice que en quince minutos dará la una de la madrugada.

Casi una hora más tarde, después de ver a dos jóvenes besar juntos a una mujer hasta que confundidos empiezan a ensalivarse la cara mutuamente y después de que el hombretón de la nariz varicosa haya quedado en playera mientras la mujer de olores camionescos le soba la barriga, decidimos salir.

La noche está llena de vendedores de aguas frescas. Inevitablemente compramos algunos vasos de pozol.

Cuándo iba a usted a adivinar que acabaríamos aquí, mano. Ya ve, en el CCH sólo bastaba con un Tonayá. Bueno, sí, sigue bastando, pero como que uno no se imaginaba así la noche, ¿no cree? Mire, ayer andaba apenas con mi primera novia y ahora no me habla. Siempre peleamos. Y usted ahí solo. Sí, ya sé lo que usted dice; las estrellas siempre estarán ahí. Sí, supongo que ella también ha de estarlas viendo, como usted dice. Pero me late que ella no se ríe cuando usted lo hace. O se ríe con otros rostros; o no responde al pensar en otros labios. Igual nomás exagero, manito. Sí, la verdad no sabemos nada. Vaya, mejor regresemos al cuarto, que esa pelirroja nos ha de estar esperando y le aseguro que con unos hielitos nos va a ayudar a dormir rete bien.

Caminamos ahora por un largo camino rumbo a las playas de Paraíso. Son casi las once de la mañana. A los lados crecen tramos de espesa selva. Muchos cangrejos pasan de un lado del camino al otro. Los árboles, gigantescos, crecen junto a las palmeras y nos miran.

No hay nadie en toda la playa con excepción de un anciano sentado en la arena, a la sombra de una palapa. Caminamos por la arena. No es sino hasta estos momentos que recuerdo esa sensación del suelo siendo arrastrado por la marea. A lo lejos, confundidas en el gris del mar, dos plataformas petroleras que lucen inertes. Una, todavía más allá, arroja flamas envuelta en la bruma.

Una hora después llegamos a los árboles de Navidad. Se trata de extrañas construcciones que, me explica Roberto, sirven para la extracción y el transporte de crudo. No les veo mucho parecido con un árbol y sí con un ser humano en trance de dolor.

Al regresar a la playa principal vemos que un par de muchachos de pronunciado estómago beben una cerveza con el viejo. Nos acercamos y uno de ellos —sin camisa, bigote de aguacero, panza enorme por la tensión; mirada enrojecida—nos ofrece de su cerveza si cooperamos para otras dos. Aceptamos mientras ellos suben presurosos a su motocicleta para ir a la tienda más próxima, a aproximadamente media hora de camino.

Casi hora y media después llegan. Poco antes de ellos aparecen también nuevos visitantes en la playa y pasean por ahí mientras eructan y hacen mucho escándalo. Bajaron de una gran camioneta negra y llevaban en la mano una gran botella de tequila.

Se trata de la mujer de los calzones perfumados, otra de las bailarinas y junto a ellas, tratando de bajarles las pantaletas con la cara muy roja, el hombre de la nariz varicosa. Sus resoplidos de rinoceronte con mala circulación llegan hasta donde estamos.

Eso sí, una vez que se da cuenta de nuestra presencia se limita a tomar de la cintura a ambas féminas y ejecutar nuevamente el baile que lo hizo la sensación anoche. No sé si aún debo de reírme; sólo doy un trago a la cerveza mientras los veo alejarse en epiléptico movimiento. Detrás de ellos, el mar sucio y las plataformas que escupen fuego.

Llamamos a un taxi para que nos recoja en la carretera, a poco más de una hora de la playa. Mientras caminamos observo cómo todo se va cubriendo de cangrejos y, enormes pájaros negros se acomodan en los árboles. Tarareo Pequeña serenata nocturna.

La luz se extingue entre los árboles; todo se cubre de estrellas. Aún no llega el taxi y empieza el canto de los miles de insectos. Esperamos en la carretera mientras el viento sacude a los árboles. La oscuridad; el sonido de la lluvia. Las estrellas. ¿Habrá alguien esperando del otro lado?




César Alain Cajero Sánchez, agosto, 2010

lunes, 16 de abril de 2012





El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje.


Un tal Matsuo Basho

El joven a sus juiciosos consejeros


¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine 
este amor ardiente y gozoso, este impulso 
hacia la verdad suprema? ¿Que cante 
mi canto del cisne al borde del sepulcro 
donde os complacéis en encerrarnos vivos? 
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra 
el oleaje surgente de la vida 
hierve impaciente en su angosto lecho 
hasta el día en que descansa en su mar natal. 

La viña desdeña los frescos valles, 
los afortunados jardines de la Hesperia 
sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago 
que penetra como flecha el corazón de la tierra. 
¿Por qué moderar el fuego de mi alma 
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce? 
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme 
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en el combate? 

La vida no está dedicada a la muerte, 
ni al letargo el dios que nos inflama. 
El sublime genio que nos llega del Éter 
no nació para el yugo. 
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña 
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade 
arrastra por un momento al nadador, 
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces. 

¡Renunciad al placer de rebajar lo grande! 
¡No habléis de vuestra felicidad! 
¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla! 
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo! 
¡No intentéis detener los corceles del sol 
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto! 
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta, 
no pretendáis que sirva a los esclavos! 

Y si no podéis soportar la hermosura, 
hacedle una guerra abierta, eficaz. 
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado, 
hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos. 
¡Cuántos habéis logrado someter 
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces 
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa 
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza 
para las iluminadas orillas del Oriente! 

Es inútil: esta época estéril no me retendrá. 
Mi siglo es para mí un azote. 
Yo aspiro a los campos verdes de la vida 
y al cielo del entusiasmo. 
Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos, 
celebrad la labor del hombre, e insultadme. 
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere, 
la bella, la vida Naturaleza. 


Un tal  Friedrich Hölderlin 

CREAR UNA REVISTA



1- La idea de crear esta revista nace de una insatisfacción ante el panorama social, cultural, artístico e ideológico del mundo moderno. Sí, una idea romántica, pero que ha desaparecido del mundo moderno a partir del ocaso de las vanguardias. Las mismas postvanguardias (y los epígonos de los epígonos de éstas) manejan ese discurso sólo como una pose. No hay discusión ni crítica; no hay puertas abiertas e inclusive en el terreno del arte se vive en un letargo.

2- La revista pretende ser ante todo una puerta abierta a la creación artística (por razones obvias, primordialmente de literatura). Dejar pasar el aire libre: no un grupo de amigos que sólo publica a sus cuates, sino un lugar en donde puede entrar quien sea siempre que su obra tenga calidad (NO SE PUBLICARÁ PORQUE SEA OCURRENTE NI PORQUE SEA BUENA PERSONA O MALA). Las artes plásticas también tendrán un espacio en la revista, ya sea como diseños para la revista; fotos, pinturas o dibujos (pero hay que tener en cuenta que al principio será en blanco y negro). En todo caso, también está la revista electrónica, donde todo será a color.

3- ENSAYOS: Una parte sustancial de la revista es la crítica. La crítica y la discusión. De hecho considero que para empezar a proponer algo, hay primero que realizar la crítica rigurosa de todo lo precedente. No la ventilación de diferencias personales: la crítica apasionada, pero escrupulosa. Obras que cualquier persona con cierta cultura puede leer; no artículos especializados; con un lenguaje accesible, pero a la vez artístico: el género centauro; el ensayo. CRÍTICA IDEOLÓGICA donde se discutan los presupuestos del mundo moderno tanto en la vertiente capitalista como en la socialista (nivel de vida, igual a posesión material; "dominio de la naturaleza" como un proyecto "saludable"; concepción del tiempo como una carrera en la Historia; la ideología moderna como la única válida; industrialización como la única meta) al igual que sus consecuencias en la vida personal (confusión entre el sentimiento de lo sagrado y una religión instituida -concebida como mala o supersticiosa- o su bastardización en forma de ideología política o supersticiones "tecnológicas" o falsamente "científicas" -considerado como bueno-; supresión de las pasiones en favor de la higiene o la política -"empoderamiento" de géneros; politización de las relaciones humanas). Lo apuntado por Rimbaud: "Hay que reinventar el amor". También la idea de "invocar a los dioses". Esto no quiere decir un discurso proclive a una religión. Se trata de reconocer la sensación de lo sagrado: lo sagrado (algunos preferirán la palabra misterio; inefabilidad) de cada existencia. No ortodoxias: sensaciones; recuperar el furor hímnico. Reinventar el amor exige reinventar al ser humano: crear un nuevo modelo de mundo donde no se mutile al ser. Un nuevo modelo de civilización donde se acepte la pluralidad: reinventar al alma. Invocar a los dioses.

4- A pesar de que esa sea la idea que dio origen a la revista, hay total libertad para expresar puntos de vista contrarios. Ensayos donde se responda a estas críticas; otros puntos de vista diversos e inclusive contrarios. Precisamente la idea es dar voz a todos. PLURALIDAD. También respeto, pero no el respeto higiénico y aséptico; una discusión apasionada para estos temas que no son mencionados nunca y mucho menos discutidos. Vivimos en una época aséptica y pragmática que confunde la tarea de Rimbaud (Reinventar al mundo) con la política. NO ES UNA REVISTA DE POLÍTICA.

5- Si es posible, entrar en contacto con organizaciones y personas que se interesen o converjan con el proyecto. Desde todas las áreas y disciplinas ya sean humanísticas (obviamente Filosofía, Antropología, Letras...) ya sean científicas o matemáticas. Inclusive políticas siempre y cuando no basen su acción en un partido u organización paragubernamental (no es un semillero de votos; la ética lo prohibe: el arte debe ser una crítica, no un compromiso electorero).

6- Queda dicho: están invitados científicos y matemáticos a enviar ensayos (y repito, ensayos, es decir, no son textos especializados, pero ello no quiere decir que se trate de divulgación: NO ES UNA REVISTA DE DIVULGACIÓN; quiere decir que debe ser una apreciación nueva -crítica o no-, pero escrito de manera bella, legible para todos). Ahí no puedo actuar como editor, pero conozco a quien sí. Además, eso sí, hay que trabajar todo texto en la redacción y podemos actuar como los lectores de él (debe ser, claro está, interesante e intrigante).

7- En materia de creación artística se acepta todo tipo de material: cuento, crónica, poesía, traducción, nouvelle (fragmentos, o para publicar en plazos) y fragmento de novela. No hay línea: todo se acepta. Libertad artística; libertad total.

8- Lo mismo vale para los artistas plásticos. Como ha quedado dicho, los interiores (al menos en los primeros números) serán a blanco y negro. La portada (espero) será en color. ¿Qué imágenes quedarán? Para eso sí haremos una junta especial y entre todos se decidirá. También está la revista electrónica para todo trabajo de calidad: pintura, fotografía, dibujo y artes cinemáticas. Por otra parte, espero que una vez el proyecto esté en marcha se pueda formar un pequeño cine y un festival de películas.

9- Para otras artes no se puede dar al principio un foro, pero por supuesto se pueden integrar al proyecto. La idea es que una vez puesto todo en marcha al igual que en el caso de los cineastas se pueda crear un foro (y claro, los infaltables eventos de la revista) en donde mostrar obras interpretativas. Lo mismo vale: libertad.

10- Antes del lanzamiento del primer número habrá una campaña de propaganda en forma de carteles. Para empezar la idea es difundir en espacios universitarios y culturales (como se ha dicho, de manera evangélica); sobre todo del área humanística. No porque sean mejores ni más inteligentes o críticos (me consta que no), sino porque están en un principio al menos más acostumbrados a ese tipo de discusiones. Al hacer más grande el proyecto, la labor evangélica comenzará a salirse de ese radio. De nuevo, a través de propaganda evangélica personal. Platicando, pues

martes, 31 de enero de 2012

Canciones del 2011


R.E.M. - We all go back to where we belong

R.E.M. se fue. Los padres del rock alternativo y una de las bandas favoritas. Ésta es su última canción; una despedida. Y con ellos se fue el año; y con ellos se va una parte de la historia del rock. Y de la vida de no pocos; yo entre ellos. Regresemos a donde pertenecemos.


Keren Ann – My name is trouble

Un gran año para el rock hecho por mujeres. Keren Ann con esta grandiosa canción (personalmente un clásico instantáneo). La voz es estremecedora: My name is trouble, my first name is a mess.


Kasabian – Days are forgotten

Una muy buena canción guitarrera de Kasabian. No les tenía mucha fe, pero la canción es muy buena. Lo que siempre ha querido hacer Muse pero nunca ha logrado.


Justice – Audio, video, disco

Menos bailable y sonando un poco a Air y a Daft punk. Siguie siendo una buena canción.


Los esquizitos – Chiggy pop

Pues regresaron. No es de sus mejores canciones (no sé si les va del todo abandonar completamente el surf), pero un grupo que siempre será bien recibido. La noche sigue siendo nocturna.


Hollie Cook- Body beat

Si les gusta el ska de 2tone (que a mí me encanta) esta canción es lo suyo. Muy lejos del rap, reggaeton y demás, esto demuestra que se puiede hacer ska de calidad en los nuevos tiempos. Nada que pedirle a los Specials y con una tonadita que es más rock steady que ska.


Lost Acapulco – Malaga storm

Para todos los que no van a la playa porque el arroyo de la sierra los complace más que el mar, he aquí al surf sabroso de Lost Acapulco. Una gran gran rola. Como en los mejores tiempos.


Gary Numan – The fall

Las canciones del año pasado. Gary Numan (sí, el de "Cars") vuelve con esta gran canción en el que se ve cuánto retomó de sus retoños de Nine inch nails. Definitivamente de lo mejor. En plena forma.


Mogwai – Rano Pano

Los hijos de Gizmo con esta canción instrumental que tiene tanto de noise como de pop progresivo.


PJ Harvey – The glorious land

Junto con la de Wanda Jackson y la de Tom Waits, hasta ahora es la favorita de las que he subido. La gran PJ Harvey haciendo lo que sólo ella sabe. La hija prodigiosa de Patti Smith en una faceta muy distinta. En algo recuerda Is this desire?


Foster the people – Pumped up kids

Una canción bailable, pero suavecita. De nuevo The postal service flota por estos años. Por cierto, ¿qué estarán haciendo?


Real state – It’s real

No es una gran canción, pero si alguien quiere saber en muchos años cómo era el sonido de principios de la segunda década de este siglo, definitivamente es éste. Mezcla de todo, agradable, pero con bajas baterías.


Summer camp – Better off without you

A lo que sonarían los grupos de niñas si conociesen a Throwing muses: Summer camp.


Dënver – Los adolescentes

Para seguir con canciones pop-fresas pasadas por el rock. Ésta pasa por el noise.


Danger mouse, Danielle Lupi, Jack White – Two against one

Con esta moda de mezclar de todo, Danger mouse junta algo de blues con indie pop. No les sale mal y la tonada es agradecible.


The drums – Money

The drums con otra canción que va a la búsqueda de los sonidos de The postal service.


Cults – Abducted

Cults con esta canción que recuerda tanto al trip-hop como al indie de mediados de la década pasada. Buena letra y al cabo de algunas escuchadas es hipnotizante.


The Strokes  - Machu Picchu

Ya no es el 2001 y me gustaba más la voz rasposa del primer disco, pero esta canción no está mal.


Breakbot – Fantasy

Las canciones del año pasado. Una gran canción para bailotear alrededor del cuarto.


The Vaccines – Post break-up sex

Pensé que la moda de sonar a Joy division había pasado, pero he aquí a TheVaccines con una canción agradable... si eso puede decirse de ese estilo.


Black lips – Family tree

En estos años poco guitarreros se agradece esta cancioncita. Debió salir hace unosdiez años, pero se agradece.


My morning jacket – The day is coming

Vaya que han mejorado desde que sacaron su primer disco. Nada que se salga de lo normal de estos años, pero agradecible.


Tom Waits - Reloj

Tom Waits.


Noel Gallagher – High flying birds (What a life)

Noel Gallagher con una canción que recuerda más al sonido Manchester que a Oasis. El video, por desgracia, es largo y mamila.


Beirut – The rip tide

No es de mis grupos predilectos, pero esta canción demuestra que estos han cambiado mucho; y aprendido las mejores lecciones de Radiohead.


Unknown mortal orchestra – Ffunny Ffriends

Uno de muchos grupos que siguen la estela de The postal service. Pero una agradable canción, seguro.


Kanye West, Jay Z – Otis

En general no tolero a este par de raperos, pero la voz de Otis Reding es demasiado poderosa y lo hacen bien. No son Public enemy, pero al menos nunca serán Puff daddy (cruz cruz).


Yellow yesterday – Ven, vamos

El cover es pasable, pero recordar al buen Ritchie vale la pena. Además, total; si lo hacían los Teen tops. El rocanrol siempre será bienvenido.


Adele – Rolling in the Deep

Para los que no sabían que esta canción no es de esos tipos del video. Muy choteada, pero por lo menos esta versión hace aligerar la repetición ad nauseam.


Beastie boys – Make some noise

Los Beastie, no pueden faltar. Burlándose de ellos mismos.


Wanda Jackson y Jack White – Shakin’ all over

Rockabilly ponedor como el que recetó el doctor.


Anna Calvi – Blackout

PJ Harvey, Patti Smith y otras de ese estilo flotan por esta recomendable canción.




Sobre la forma en la literatura  César A. Cajero Podemos definir en este momento y provisionalmente a la literatura como aquella...